No tengo nada en contra de los gatos y en realidad, de ningún otro animal. Pero detesto a la gente que los usa como sucedáneos para la compañía de otras personas, negándose a aceptar que tienen gatos por inhabilidad o falta de voluntad para conectarse con otras personas.
Detesto a la gente que saca a pasear a sus mascotas para promoverse como sensible, como tierna. Detesto a la gente que usa la ternura como bandera blanca, rindiendo su individualidad ante los demás.
Podría ser tierna y dulce, y quizás lo sea, pero no uso símbolos ajenos a mi identidad para promover eso ante los demás. Detesto suplicar de esa forma tácita la atención de otros para pertenecer.
En particular, no quiero que una relación se base en algo más que no sea la pura y dura humanidad de cada uno de los involucrados, con todos sus matices; sus luces y sus sombras.
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