Y lo más curioso es que el sentimiento sigue siendo el mismo: vivimos cada día como sólo uno más en el el paraíso. El mismo que a veces es indistinguible del infierno.
Y aquí es donde quedarán liberadas las palabras. Como la caja de Pandora.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario