Frente a él, un océano de vacíos y esperanzas. Renovado, bullía dentro de él el deseo de fundirse en el torbellino primigenio, creador inexorable.
Tras de sí, huellas que eran ya recuerdos. A lo lejos, algunos se dispersaban; otros le miraban, expectantes. Aventurándose, dio el primer paso, sin dejar de asombrarse al observar cómo el espacio se aglutinaba, nuevo, en torno a sus pies. El tiempo contenía el aliento.
La voz de la eternidad, apenas audible, presagiaba el desafío.
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